Antecedentes familiares: cuándo la genética importa (y cuándo no tanto)

Antecedentes familiares: cuándo la genética importa (y cuándo no tanto)

Es muy habitual escuchar en la consulta de Cardiología frases como:

«Tengo antecedentes familiares porque mi abuelo sufrió un infarto a los 82 años.»
«Mi padre tuvo problemas del corazón con más de 80 años, así que yo también estoy en riesgo.»

Aunque esta preocupación es completamente comprensible, conviene aclarar que no todos los antecedentes familiares tienen el mismo significado ni implican el mismo nivel de riesgo cardiovascular.

¿Qué se considera un antecedente familiar cardiovascular?

Para valorar si existe un verdadero antecedente familiar de riesgo cardiovascular hay que tener en cuenta dos aspectos fundamentales:

  • El grado de parentesco con la persona afectada.
  • La edad a la que apareció la enfermedad cardiovascular.

Los antecedentes familiares con mayor relevancia son aquellos que afectan a familiares de primer grado, es decir, padres, madres o hermanos.

Sin embargo, no solo importa quién sufrió la enfermedad, sino también cuándo ocurrió.

La importancia de la edad: la enfermedad cardiovascular precoz

Un infarto o un ictus que aparece a edades avanzadas suele estar relacionado con el proceso natural de envejecimiento y con la acumulación de factores de riesgo a lo largo de la vida.

En cambio, cuando estos eventos ocurren de forma temprana, aumenta la probabilidad de que exista una predisposición genética hereditaria.

Por este motivo, se considera especialmente relevante que un familiar de primer grado haya presentado enfermedad cardiovascular:

  • Antes de los 55 años, si es hombre.
  • Antes de los 65 años, si es mujer.

Estos datos ayudan al cardiólogo a identificar pacientes con un posible riesgo cardiovascular hereditario aumentado.

Entonces, ¿un abuelo con un infarto a los 80 años cuenta?

Sí, es una información que siempre conviene conocer y comunicar durante la consulta médica.

No obstante, por sí sola no suele considerarse un antecedente familiar de alto riesgo cardiovascular.

Llegar a los 80 años antes de sufrir un infarto indica que la enfermedad apareció en una etapa muy avanzada de la vida, lo que tiene un significado muy diferente al de una persona que presenta un evento cardiovascular a los 45 o 50 años.

¿Qué situaciones hacen sospechar una mayor carga genética?

Existen determinados antecedentes familiares que sí pueden indicar una predisposición hereditaria más importante:

  • Infartos en padres o hermanos a edades tempranas.
  • Varios familiares afectados por enfermedad cardiovascular.
  • Casos de muerte súbita en la familia.
  • Niveles muy elevados de colesterol en varios miembros de la familia.
  • Diagnóstico de hipercolesterolemia familiar u otras enfermedades cardiovasculares hereditarias.

La genética influye, pero no determina el futuro

Uno de los mensajes más importantes es que la genética no es el destino.

Aunque los antecedentes familiares pueden aumentar el riesgo cardiovascular, en la mayoría de las personas es posible reducirlo de forma significativa actuando sobre los factores modificables:

  • No fumar.
  • Mantener una alimentación saludable.
  • Realizar actividad física de forma regular.
  • Controlar la presión arterial.
  • Vigilar los niveles de colesterol.
  • Mantener un peso saludable.
  • Controlar adecuadamente la diabetes cuando existe.

Adoptar estos hábitos puede marcar una gran diferencia, incluso en personas con predisposición genética.

El mensaje clave

Tener un familiar que sufrió un infarto a una edad muy avanzada no significa necesariamente que exista un alto riesgo cardiovascular hereditario.

Lo que realmente orienta hacia una predisposición genética es la aparición precoz de la enfermedad en familiares cercanos.

Por eso, cuando acuda a la consulta de Cardiología, no basta con indicar que existen antecedentes familiares. Es importante explicar:

  • Qué familiar presentó la enfermedad.
  • Qué problema cardiovascular sufrió.
  • A qué edad ocurrió.
  • Siempre que sea posible, aportar informes o un resumen médico que permita conocer con detalle el diagnóstico.

Toda esta información ayuda al cardiólogo a realizar una valoración más precisa del riesgo cardiovascular y a ofrecer recomendaciones preventivas adaptadas a cada paciente.

Por el doctor Dr. Roylán Falcón Rodríguez especialista de la UICAR